miércoles, mayo 09, 2007

Desaparecen jóvenes en Argentina para ser vendidas a redes de prostitución

Madres de las víctimas denuncian la complicidad de policías y jueces con proxenetas

STELLA CALLONI

Buenos Aires, 8 de mayo. La pancarta impactó a quienes caminaban por las veredas de la sede del Congreso argentino. "Aparición con vida de las mujeres secuestradas y desaparecidas en la red de prostitución", se leía mientras centenares de madres levantaban fotos de bellas jóvenes perdidas en otras noches y otras nieblas.

Fue el pasado 3 de mayo, mientras aún continuaban aquí las actividades para recordar el 30 de abril de 1977 como la fecha en que 14 mujeres comenzaron en plena dictadura militar (1976-1983) la ronda de las Madres de Plaza de Mayo para reclamar por sus hijos desaparecidos.

Los secuestros y desapariciones en democracia de casi medio millar de jóvenes mujeres en Argentina -cifra conservadora en extremo si se tiene en cuenta que hay miles de familias muy humildes que no denuncian estos hechos- están conmoviendo al país. Lo mismo sucede en todos los países de América Latina.

"Este es un drama ligado a las mismas bases de las dictaduras, que son corrupción, pobreza, miedo, ignorancia, impunidad", se leía en otro cartel en la Plaza del Congreso.

Más de 400 adolescentes y mujeres jóvenes de distintos grupos sociales han desaparecido en los últimos años. Los secuestradores tienen facilidades en los barrios pobres, en los arrabales de las ciudades pérdidas o en pequeñas poblaciones rurales, pero en Argentina las desapariciones se han producido en diversos grupos sociales.

Las historias son todas conmovedoras. El 25 de julio de 2004 Fernanda Aguirre, una bella niña de 13 años que vendía flores frente a un cementerio en una zona cercana a Paraná, Entre Ríos, fue secuestrada cuando iba hacia su casa.

Se acusó a un conocido delincuente con vínculos policiales, que luego apareció muerto en una celda en lo que autoridades calificaron de suicidio; varios datos indican que la joven fue vendida a algunos de los tantos grupos que las llevan a otros lugares o países para revenderlas en el mercado de la prostitución.

El 3 de abril de 2002 María de los Angeles Verón, Marita como la conocían todos, fue secuestrada en Tucumán y los informes indican que fue vendida por unos 700 dólares a un prostíbulo de la cercana provincia de La Rioja. Este es un caso emblemático porque Susana Trimarco, la madre de Marita, comenzó una lucha sin descanso, golpeó las puertas de prostíbulos, caminó el país, cruzó fronteras y en su desesperada marcha ayudó a escapar a muchas otras jóvenes víctimas de la misma tragedia de su hija.

Esta mujer inventó fórmulas de salvataje, corrió graves peligros, perseguida por mafiosos y asesinos logró hasta ahora salvar a unas cien jóvenes de la esclavitud de la prostitución.

Su incansable trabajo fue reconocido por organizaciones en todo el mundo y en marzo pasado se le entregó en Estados Unidos el premio Mujeres de Coraje.

Pero ella hace mucho más. Denunció los oscuros poderes, las alianzas criminales de policías, jueces y figuras de poder con el mundo de la prostitución y algo más difícil: fue destruyendo uno a uno los prejuicios de una sociedad a la que le resultaba más cómodo pensar que "algo habrían hecho" estas jóvenes para merecer ese destino trágico.

Esa era la frase de los dictadores de otros tiempos. Algunos velos se descorrieron, pero apenas es una conciencia difusa de lo que está sucediendo. "Para muchos es más cómodo volver la cabeza ante estos hechos, como el de los miles de niños secuestrados por los canallas que los usan en pornografía infantil. La raíz de estos perversos es la misma que la de los torturadores y mafiosos. Todos saben que nada de esto podría existir sin ayuda de poderes, de grupos policiales, de jueces" denuncian las Madres de Plaza de Mayo.

De eso sabe mucho Susana Trimarco. "He luchado contra la incomprensión, que es lo que más duele, porque nadie entiende que para estos canallas no hay diferencias sociales, cualquier puede ser su víctima. Pasa como cuando violan a algunas jóvenes y algunos se desentienden y prefieren decir que a lo mejor estaba vestida provocativamente. Es decir, acusan a la víctima. Todos los días desaparece una joven en nuestro país, porque los tratantes de personas tienen dinero, poder y cómplices, pueden comprar policías y jueces. Y también matar a quien se les cruce en el camino. Yo denuncio a una fiscalía de Tucumán que recibió mucho dinero y desvió pistas en los primeros momentos cuando aún podíamos salvar a mi hija", dice Susana.

Lo más doloroso para las madres cuando denuncian los casos, es que se pierde un tiempo clave en las especulaciones policiales que van desde "se habrá ido con alguien" hasta "a lo mejor quiso ganar plata fácil".

También se analiza que "es lógico el pensamiento policial, ya que en todos los casos que pudieron ser investigados o entre las jóvenes -como las que rescata Susana Trimarco- surge siempre la responsabilidad policial, la corrupción ligada a las mafias de poder.

En estos días lo medios difundieron una conversación telefónica entre un policía de guardia y un proxeneta en la provincia sureña de Río Negro, donde este último ofrece llevarle a una chica de 15 años para "ficharla". Esto es recibido con entusiasmo por el policía que le pregunta al subcomisario si traen a la chica y por supuesto será un "regalo" esa noche. La joven es de La Pampa y puede ser una de las tantas víctimas de estos secuestros y "traslados" a los submundos de la prostitución y la violencia. Nadie se atreve aún a estimar cifras de la cantidad de jóvenes asesinadas. Pero lo grave es que muchos periódicos importantes ofrecen en sus servicios como una oferta a sus clientes a niñas y jóvenes, sin que ninguna autoridad tome cartas en este delito también de lesa humanidad, como señalan las ONG de mujeres salvadas de lugares donde trabajaban esclavizadas.

Muchas madres tienen miedo de denunciar porque a veces han aparecido cadáveres de jóvenes buscadas, brutalmente golpeadas, torturadas. Ese calvario de la hijas está siempre detrás de la desesperación y la impotencia de las madres".

Fabiana Núñez, quien coordina la ONG Las Mujeres de la Casa del Encuentro, que junto con la Coalición contra la Trata de Mujeres y Niños de Argentina, trabajan en apoyo de estas madres, reclama tanto al Estado, como a los partidos políticos, a la justicia y otras organizaciones sociales y civiles que asuman su papel para reclamar la aparición con vida de estas "desaparecidas en democracia". También ahora apoya el Instituto que lucha contra la discriminación en el país (INADI). Todos estos grupos afirman sin dudar que "la indiferencia es complicidad".

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