miércoles, enero 30, 2008

Taberna gallega

Julio Hernández López

Recatada, la virtuosa Ruth defendió airadamente su honra institucional que había sido global e indirectamente rozada por un comentario de Andrés Manuel López Obrador sobre tomas hispanas de piernas políticas. Siendo ella una de las varias personas involucradas en la agenda de arreglos a domicilio de la PANificadora Mouriño (interesada ahora en consolidar petroleramente su portafolio de inversiones), le pareció indispensable ponerse el saco marca Traición y saltar a los medios informativos con un lastimero discurso de género y una invocación decimonónica de los buenos modales: ella ha de pagar dolorosamente el costo de enfrentar a machos buscadores de pleitos de cantina que no soportan el éxito de las mujercitas en política.

La señora Zavaleta –a quien no mencionó por su nombre AMLO, ni dio alguna pista o indicio que permitiera ubicarla inequívocamente como destinataria– ha jugado un papel de alegre colaboracionismo con los intereses de Felipe Calderón y su banda presidencial (es decir, la banda de negociantes y politiquillos que lo acompañan). Fue, ya se sabe, la diputada que cedió su lugar en la tribuna de San Lázaro a Manlio Fabio Beltrones para que pudiera rendir protesta el presidente constitucional de la República de Los Pinos. Tales virtudes cesionistas hicieron que su banda, Los Chuchos, aprovechando acuerdos entre partidos de rotación conductora, la colocara como presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados en el año legislativo en curso, cargo desde el cual, entre aplausos e inmejorables opiniones de los adversarios del movimiento encabezado por López Obrador, ha hecho cuanto le ha sido posible para acomodarse a la tesis envenenada de que la izquierda debe ser “moderna, dialogante y civilizada”, características todas ellas deseables pero que, en los hechos, es decir, en la estrategia felipista, son un ardid conceptual que busca justificar que esa izquierda negocie con el presidente formal 0.56 por ciento y haga planes conjuntos que beneficien al calderonismo y den migajas a los monaguillos de la Vieja/Nueva Izquierda Derechizada.

La más reciente cesión de la modosa Ruth fue recibir en su oficina de la Cámara de Diputados al comisionista Mouriño que está en campaña de promoción del negocio del siglo, la apertura de Pemex a capitales privados en ciertas áreas apetitosas (del 0.56 por ciento electoral al 10 por ciento, cuando menos, de comisión mercantil). Tan celosa de su honra, la cesionista Zavaleta pudo delegar en otro directivo ese encuentro sugerente de que el encargado de una parcial desnacionalización de Pemex la estuviese visitando para acordar los términos de una estrategia legislativa conjunta. Si el primero de diciembre de 2006 dejó su lugar a un jefe priísta imprescindible para la Operación Calderonazo, y ya en otras ocasiones se ha hecho a un lado para no compartir foro fotografiable con el licenciado Felipe, ahora bien pudo haberse excusado de una cita que evidentemente daría pie a maledicencias.

Pero Ruth no cuidó su honra de presunta filiación izquierdista y, parapetada tras un discurso de coartadas “institucionales”, permitió que Mouriño le tomara políticamente la pierna, al grado de que mientras Zavaleta mordía su rebozo y negaba que hubiese habido algún tipo de tocamiento en materia petrolera, Galicia-Bucareli informaba que sí se habían dado acercamientos y tratamientos (¡oh!). Sospechosa de estarse prestando a los planes felipescos de privatización de la industria petrolera sin mover la letra constitucional (sospecha que en días por venir habrá de confirmarse o desecharse), la pudorosa Ruth tendió una cortina de humo feminista sobre el tema, al responder a un señalamiento que no le había sido hecho específicamente a ella y dar parque mediático oportuno a los adversarios del eje de resistencia a esas privatizaciones, Andrés Manuel López Obrador, a quien la dulce y educadísima Zavaleta consideró un buscapleitos de taberna.

Además, claro, Rosario Rob… no, perdón, Ruth Zavaleta, dijo que en ella son insultadas todas las mujeres, pues esos machos peleoneros creen que “sólo tenemos la posibilidad de ser buenas madres, y si nos atrevemos a tener un papel protagónico relevante, entonces somos descalificadas”. Y, sin embargo, se mueve: el fondo de todo son los acuerdos Chuchos/Felipe, aterrizados por la casta alianza Camilo/Ruth para ceder paso a la nueva toma del petróleo mexicano.

Astillas

Ayer le fue dictado otro auto de formal prisión a Flavio Sosa, el dirigente de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) que fue detenido en la ciudad de México en la víspera de entrevistarse en Bucareli con el entonces secretario Francisco Ramírez Acuña. Flavio es, sin lugar a dudas, un preso político del calderonismo y su expediente judicial es una colección de aberraciones técnicas y abusos políticos. Nada justifica su estancia primero en una prisión de inhumana alta seguridad y ahora en un penal oaxaqueño. La saña oficial, y la evidente consigna de mantenerlo en la cárcel, exhiben la alianza entre Felipe Calderón y Ulises Ruiz, afectados ambos de una ilegitimidad política que tratan de suplir con represión y manipulaciones… Ni modo, el vocero en México de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, Al Cárdena’s Jiménez (conocido en los pastizales blanco y azul como the black horse) ha informado que “no hay voluntad” en esos países para renegociar el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio. El mencionado Al también dijo que seguirá al frente del carrito de hamburguesas llamado Sagarpa mientras le sea posible... Elemental, mi querido Forbes: si Calderón pretende que el suyo sea el “sexenio de la infraestructura”, Slim rápidamente propone que se cree una “comisión nacional de infraestructura”. Es decir: Todo México es negocio… Y, mientras continúan los preparativos para la marcha del próximo jueves, en defensa del petróleo mexicano y en protesta por la política económica y social del calderonismo, ¡hasta mañana, en esta columna que invita a ver en www.astillero.tv una entrevista con el periodista campechano Enrique Pastor Cruz Carranza sobre los Mouriño!

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