jueves, diciembre 11, 2008

Ningún país puede torturar, excepto EE.UU.

Capítulos en la hipocresía imperial

Paul Craig Roberts
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El gobierno de EE.UU. no posee el monopolio de la hipocresía, pero ningún otro gobierno puede llegar a la hipocresía del gobierno de EE.UU.
Ya está bien documentado y es sabido en todo el mundo que el gobierno de EE.UU. torturó a detenidos en Abu Ghraib y Guantánamo y que el gobierno de EE.UU. ha secuestrado y “entregado” a personas, es decir, transportado a países del tercer mundo, como Egipto, para que sean torturadas.

También está bien documentado y es bien conocido el hecho de que el Departamento de Justicia ha suministrado memorandos escritos justificando la tortura de detenidos. Un propugnador de la tortura quien escribió los memorandos del Departamento de Justicia que dieron la luz verde al uso de la tortura por el régimen de Bush es John Yoo, inmigrante sudcoreano quien obtuvo un puesto en el Departamento de Justicia y un profesorado permanente en la Universidad de California, Berkeley, Escuela de Derecho de Boalt Hall. Miembros de la municipalidad de Berkeley creen que Yoo debiera ser acusado de crímenes de guerra. El gobierno de EE.UU. ha acusado a delincuentes menores que Yoo de crímenes de guerra. Yoo ayudó al Departamento de Justicia a lograr el objetivo de Bush de encontrar un camino para soslayar las prohibiciones de tortura en la ley estaturaria de EE.UU. y en las Convenciones de Ginebra.

El camino para sortear la ley que suministró Yoo al sádico régimen de Bush fue bloqueado por la Corte Suprema de EE.UU., que invalidó los argumentos de Yoo, y el memorando de la tortura de Yoo fue revocado por el Departamento de Justicia. A pesar de todo, la evidente incompetencia constitucional de Yoo, que en el caso de Yoo es total, no ha afectado su posición como profesor de derecho constitucional en Berkeley. ¿Podéis imaginar el daño que Yoo está haciendo al enseñar a futuros cuadros de abogados y funcionarios gubernamentales que la tortura es coherente con la Constitución y con la ley del país? ¿Cuántos sufriremos por las enseñanzas de ese ignorante?

Incluso mientras el gobierno de EE.UU. torturaba gente, el gobierno de EE.UU. procesaba al hijo de Charles Taylor, el antiguo gobernante de Liberia, por torturar a oponentes políticos del gobierno de su padre. El gobierno de EE.UU. no empleó el memorando de la tortura de Yoo para justificar el uso de la tortura en Liberia contra los que deseaban derrocar el gobierno de Liberia o cometer terror en su contra. La posición del gobierno de EE.UU. es que el gobierno de Liberia no tenía derecho a utilizar la tortura para defenderse. Sólo una “nación indispensable” como EE.UU. tiene derecho a torturar a la gente que imagina que la amenaza.

Utilizo la palabra “imagina” porque aproximadamente un 99% de los detenidos torturados por EE.UU. eran personas totalmente inocentes tomadas al azar o vendidas a los estadounidenses por señores de la guerra como “terroristas.” (El gobierno de EE.UU. ofreció recompensas por terroristas, como el premio ofrecido por forajidos en el “Lejano Oeste.” El resultado fue que señores de la guerra en Afganistán y Pakistán agarraban a cualquiera que no fuera uno de ellos y vendían sus cautivos a los estadounidenses como “terroristas.”)

Según Carrie Johnson, periodista del Washington Post, el 30 de octubre de 2008, un jurado federal condenó en Miami al hijo de Charles Taylor, Chuckie, por tortura. Chuckie será sentenciado en enero por los indispensables estadounidenses por tortura, conspiraciones e infracciones de armas de fuego. Puede pasar el resto de su vida en una prisión estadounidense.

Mientras tenía lugar el proceso de Chuckie, el régimen de Bush torturaba gente.

El Washington Post escribe que la condena de Chuckie es “es el primer ensayo de una ley estadounidense que otorga a los fiscales el poder para acusar por actos de tortura cometidos en países extranjeros.” En otras palabras, la ley de EE.UU. contra la tortura se aplica a todo el mundo, a todos los demás países, excepto a EE.UU. El desmesurado orgullo es inimaginable – ningún país puede torturar, excepto EE.UU.

Cualquier otro que torture recibe cadena perpetua, o como en el caso de Sadam Husein es colgado por el cuello hasta la muerte.

¡Qué bueno es ser estadounidense! Nuestras leyes no valen para nosotros, sólo para todas las demás naciones. Es lo que significa ser el fanal moral del mundo, la unipotencia, la sal de la tierra.

Ni Carrie Johnson ni sus editores en el Washington Post ven la ironía o la paradoja. Johnson escribe en el Washington Post que los fiscales de EE.UU. “acusaron a Taylor de participar en atrocidades y de dirigir a subordinados para que torturaran a víctimas utilizando… artefactos eléctricos de 1999 a 2002.” Esa acusación prácticamente coincide en el tiempo con la instrucción de torturar a gente detenida por los estadounidenses en Abu Ghraib, Guantánamo, y en varios sitios de ‘entregas’ de la CIA, por parte de Bush, o Cheney, o Yoo, o el Departamento de Justicia, o Rumsfeld, o quien sea. Hasta ahora todo el mundo ha visto la fotografía del iraquí encapuchado con alambres eléctricos atados, parado sobre esa caja en Abu Ghraib.

Si sólo aplicaran las leyes estadounidenses al gobierno de EE.UU. Entonces los criminales que han estado a cargo durante 8 años serían procesados por su extrema violación de las leyes de EE.UU. Pero, claro está, el gran gobierno moral estadounidense está lejos por sobre la ley. La ley estadounidense sólo se aplica a naciones dispensables. EE.UU. no tiene que rendirle cuentas a la ley, no a su propia ley, y no a la ley internacional. El fiscal general [ministro de justicia] de EE.UU., Michael Mukasey, afirmó que el gobierno de EE.UU. está sobre cualquier ley cuando dijo al Comité Judicial del Senado que no habría investigación o procesamiento de los responsables del régimen de Bush que autorizaron tortura y a los que realizaron los actos sádicos.

El gobierno estadounidense, el gobierno de la gran nación indispensable, tiene pase libre. Los fuertes hacen lo que quieren. Los débiles sufren lo que deben sufrir.

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Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Asimismo, fue redactor jefe asociado del Wall Street Journal, en su sección de editoriales, durante 16 años columnista de Business Week, y columnista de Scripps Howard News Service and Creator’s Syndicate en Los Angeles. Ha ocupado numerosas cátedras universitarias, incluyendo la Cátedra William E. Simon Chair en Economía Política, Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Universidad de Georgetown e Investigador Invitado Sénior, Hoover Institution, Universidad Stanford. Fue condecorado con la Legión de Honor por el Presidente de Francia y con la Medalla de Plata del Tesoro de EE.UU. por “sobresalientes contribuciones a la formulación de la política económica de EE.UU.” Es co-autor de “The Tyranny of Good Intentions.” Para contactos, escriba a: PaulCraigRoberts@yahoo.com

http://www.counterpunch.org/roberts12082008.html

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