lunes, agosto 24, 2009

Gobierno Paralizado o Gobierno de Paralizados...


Al gobierno de Felipe Calderón le falta visión de largo plazo y capacidad para hacer ajustes al modelo económico cuando las circunstancias lo requieren. El temor y la indecisión lo tienen paralizado y no sigue el ejemplo de países que, como Estados Unidos y China, se han volcado a fortalecer su mercado interno y su infraestructura con el fin de lograr la recuperación. Para el investigador Mauricio de Maria y Campos la economía se desliza en un tobogán y añade: “Urge un cambio de timón, pero ya. No hay tiempo para actuar con lentitud y con miedos”.El espectacular tijeretazo de 85 mil millones de pesos que se dará al gasto público este año –un ajuste que no se veía desde tiempos de Miguel de la Madrid–, y que incluye recortes a los programas contracícliclos, sobre todo la cancelación de obras de infraestructura, con los que se pretendía contrarrestar los efectos de la crisis internacional, no es sino la expresión del “miedo paralizante” que invade al gobierno federal y de su “incapacidad para maniobrar en momentos complicados”.

El gobierno del presidente Felipe Calderón ha actuado “con lentitud y timidez” ante la crisis, dice Mauricio de Maria y Campos, quien fue subsecretario de Fomento Industrial en aquel gobierno y que tiempo después, como ningún otro latinoamericano, sería director general en la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), cargo que dejó en 1997.El actual director del Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Sustentable y Equidad Social de la Universidad Iberoamericana (IIDSES) afirma, en entrevista con este semanario, que el gobierno federal “no escucha” ni ve la “actitud firme y decidida” de otros países para salir del bache.Y ahí están las consecuencias: mientras el mundo se recupera –muchos países han frenado la caída de su economía; muchos, también, han empezado a crecer–, en México la economía sigue en el tobogán: durante el segundo trimestre del año el Producto Interno Bruto se desplomó un 10.3%, que es no sólo la caída trimestral más dramática de la historia económica reciente del país sino, también, la más pronunciada en el mundo, apenas superada por la baja de 10.9% de la economía de Rusia.Cuando De Maria y Campos dice que el gobierno no escucha se refiere, entre otras cosas, a que en diversos foros públicos que recientemente se han hecho sobre la crisis, ha habido propuestas y recomendaciones dignas de tomarse en cuenta.Menciona, entre otros, el foro senatorial denominado México ante la crisis, ¿qué hacer para crecer?, en marzo pasado, en el que participaron, por ejemplo, Carlos Slim, el expresidente chileno Ricardo Lagos y el expremier italiano Romano Prodi.El empresario mexicano acaparó reflectores luego de hacer un pronóstico, que el gobierno calificó de “catastrofista” –el desempleo será brutal; el PIB caerá como nunca, auguró acertadamente–, a partir del cual le recomendó que emprendiera una gran batalla por la infraestructura.Pero más por la vía del mantenimiento de escuelas, hospitales, vialidades, caminos y carreteras, e instalaciones públicas, que por las grandes obras de construcción –sin que dejen de hacerse–, que son más tardadas y se pierden en la maraña de la burocracia y la corrupción. Eso, como fórmula para crear rápidamente empleos, incentivar el consumo, la producción y la actividad económica en general.Pero antes que escucharlo, y hacerle caso, el gobierno emprendió una campaña de críticas y denuestos contra el magnate.A su vez –recuerda el entrevistado–, los exmandatarios Lagos y Prodi coincidieron, en esas reuniones del Senado, en que ante una crisis como la actual hay que actuar con rapidez y decisión, porque cada día que un gobierno se tarde en promover el empleo, a través de programas de rápida ejecución, más difícil le será sacar del bache a la economía.Justo lo que está pasando en México, dice.Pero es más grave, lamenta el exfuncionario, que el gobierno de Felipe Calderón no vea cómo están actuando los demás países. Pone de ejemplo al propio Estados Unidos y a China, cuyos programas contracíclicos sí están funcionando.Plantea: El gobierno estadunidense no se anda por las ramas ni con timideces. Ha canalizado una cantidad impresionante de recursos para invertir en los sectores más dañados por la crisis, a fin de rescatar empresas y darle un impulso espectacular a la infraestructura.“Y qué cosa: En el país del automóvil, o donde éste es todo un símbolo, hasta cultural, están construyendo –como una de las medidas contracíclicas– 10 grandes rutas de trenes rápidos, similares a los portentosos trenes de Francia, España y China. Eso tendrá un efecto dinamizador de la economía, del sector privado, del consumo. Son proyectos de gran aliento”. Y esto es sólo un ejemplo, dice.“Y los chinos, ¿qué están haciendo? Como Estados Unidos es el principal destino de sus exportaciones –igual que le sucede a México–, se les cayó la demanda; los gringos no les están comprando igual que antes de la crisis, como a nosotros.“Pero no se quedaron con los brazos cruzados: se volcaron más a su mercado interno, con políticas para incentivar el empleo y el consumo. Claro que no saldrán indemnes de la crisis. Pero de 10% que iba a crecer su economía, ‘sólo’ lo hará 8%.“Y en México también habrá un 8% este año, pero no de crecimiento, sino de caída en la actividad económica”, puntualiza De Maria, quien es economista por la UNAM y maestro en Desarrollo Económico por la Universidad de Sussex, Inglaterra.

“Son pequeñitos”
El especialista precisa que Estados Unidos, China, Francia, Alemania y, en general, los países que ya se están recuperando –Brasil, inclusive, en América Latina–, lo han podido hacer porque toman decisiones y actúan rápido. “Tienen visión de largo plazo, capacidad de hacerle ajustes al rumbo, al modelo, cuando las circunstancias así lo exigen.“Lamentablemente, aquí ni tenemos visión de largo plazo ni hemos demostrado capacidad para maniobrar en momentos complicados de crisis.”–El gobierno alardea de sus programas contracíclicos, de su efectividad; argumenta que sin éstos la economía estaría peor –se le plantea.–Son pequeñitos, proporcionalmente, frente a los de otros países. Y lo poco que anunciaron ya lo recortaron. El ajuste más fuerte en el segundo recorte anunciado por 50 mil millones de pesos (adicional a los 35 mil millones del primer recorte) será en Comunicaciones y Transportes. ¿No que la infraestructura nos iba a sacar del bache? En efecto, hace 10 días se dio a conocer que del último recorte al gasto público, por 50 mil millones de pesos, casi 13 mil millones –la cuarta parte– se reducirán del presupuesto de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, equivalentes a más de 20% de los 60 mil millones de pesos que tenía como gasto aprobado para 2009.Y el propio titular de la dependencia, Juan Molinar Horcasitas, se encargó de reconocer que se afectarán programas de caminos rurales y planes carreteros, pero también otras obras de infraestructura de todos los tamaños, pues deberán cancelarse muchas licitaciones.Sostiene De Maria y Campos: “Esa es una manera tímida, con estrechez de miras, de enfrentar la crisis. Hay que ver lo que hace Estados Unidos. Ese descomunal gasto contracíclico que está ejerciendo le implicará un déficit histórico de entre 13% y 14% para 2010, que no habían tenido desde la posguerra.“Acá, nosotros seguimos con el dogma del déficit cero, del presupuesto equilibrado. Se nos anuncia que para el próximo año podría haber –si el Congreso acepta– un mayor déficit público, pero moderado y temporal.“Claro, el gobierno de aquel país puede aventurarse a tener un déficit de ese tamaño, que le significará una deuda enorme, espectacular. Pero tiene confianza en solventarla, pues cuenta con una gran capacidad de pago en el futuro, por sus propios ingresos fiscales.”Pero es justo ahí donde el gobierno mexicano se entrampa, expone el entrevistado: “Tiene muy clara la grave vulnerabilidad que hay por el lado de las divisas y de los ingresos fiscales, pero se pasma. Esa conciencia que tiene de las debilidades de las finanzas públicas se ha trocado en un miedo para actuar.“Y no hay peor cosa que un miedo paralizante, como el que está mostrando el gobierno”, remata.De Maria y Campos acaba de concluir la investigación titulada El desarrollo de la industria manufacturera en su encrucijada; entorno macroeconómico, desafíos estructurales y política industrial, en coautoría con los doctores Lilia Domínguez Villalobos, Flor Brown Grossman y Armando Sánchez, todos de la UNAM.El documento, que es el estudio más completo y actualizado acerca de la evolución y actualidad de la industria mexicana –en particular la manufacturera–, será presentado este martes 25 en la Universidad Iberoamericana.En la entrevista, el investigador retoma datos y argumentos de ese estudio, para enfatizar que la crisis que vive el país, con todo y que sea parte de una crisis internacional, “de cualquier manera se iba a dar”.Explica: “El que no tengamos ya la producción petrolera de antes nada tiene que ver con la crisis internacional. El que tengamos un pésimo sistema impositivo, que nos deja la recaudación más baja de entre los países latinoamericanos –no se diga ante los de la OCDE, a la que pertenecemos–, nada tiene que ver con la crisis internacional”.Y abunda: “La crisis económica del país, con todo y que digan que es efecto de la internacional, que no la propiciamos nosotros, en realidad –para hablar en términos económicos– tiene un gran componente nacional. Es un producto netamente mexicano”.En efecto, añade, la actual situación económica del país es el resultado de un largo período de deterioro constante de la dinámica de crecimiento en el país. “En los últimos 25 años ha habido un crecimiento económico muy bajo y volátil. Hasta 1981 crecíamos a tasas superiores a 6.5% del PIB.“Pero desde 1982, cuando la crisis petrolera y la deuda, el crecimiento promedio de la economía no alcanza siquiera 3% al año. Un crecimiento muy mediocre para un país con una economía que por años ha estado entre las 15 más grandes del mundo.“Y esto último es una vergüenza: ese crecimiento pírrico de 3% es más que una abstracción, pues en la realidad significa una total incapacidad para generar empleos suficientes, de calidad y bien remunerados. Cada vez es mayor la incapacidad de la economía para absorber a la Población Económicamente Activa.“El empleo en México lleva más de 25 años en un tobogán. Y la única manera en que, en ese tiempo, ha podido atenuarse el desempleo es con la válvula de escape de la migración y el empleo informal.”

Sin esperanza
En el origen de todos los males que hoy vive la economía y que tienen a millones de mexicanos en la desesperanza, está la incapacidad de los distintos gobiernos para aprovechar los abundantes recursos económicos que hemos tenido, pero sobre todo la incapacidad para pensar en grande, la falta de visión de largo plazo, considera el experto.Dice que todo se ha dilapidado en la coyuntura. No se aprovecharon suficientemente los recursos petroleros; tampoco los ingresos que dejaron la apertura comercial, la explosión exportadora y las privatizaciones de paraestatales.Uno a uno, afirma, los gobiernos fueron acabándose los recursos, sin tener claro un proyecto de país. Acabaron con la industria, sobre todo la manufacturera, y le quitaron el gran motor que impulsó la economía mexicana durante décadas. Y que en el mundo sigue siendo fundamental para el desarrollo de los países, porque es la que más impacta el terreno tecnológico, aumenta la productividad de muchos sectores de la economía y arrastra al conjunto de ésta.Hoy, en México, esa industria apenas significa 17% del PIB, cuando llegó a ser de más de 22% en los años ochenta. “Esa caída, además de brutal, es un retroceso que nos pone en desventaja frente a todos los países. Las manufacturas en Brasil, por ejemplo, aportan más de 20% de su producto; en Indonesia es de 28%; en China, que se ha convertido en el taller industrial del mundo, anda en 35%. Sólo por mencionar algunos países de igual desarrollo”, dice De Maria y Campos.Pero lo más grave es esa falta de visión de los últimos gobiernos mexicanos, de no saber qué queremos para el futuro, para el país, para la sociedad, agrega.Contrasta el entrevistado las experiencias de otros países que en algún tiempo tenían un desarrollo similar al de México o incluso por debajo.Por ejemplo: Cuando China reconoce sus rezagos frente a Occidente y decide, en 1979, reformar su economía y abrirse al mundo, su líder Deng Xiaoping dijo “en 30 años seremos la segunda potencia económica mundial”. Están a un paso.Su fórmula: “Primero, ganas y decisión; es decir, voluntad política; luego, trabajo intenso, ahorro, inversión, educación y tecnología. Nada más un dato para ver el alcance de su decisión: antes de la actual crisis económica, China ya era el segundo productor de autos más grande del mundo, después de Japón”.Otro ejemplo que elige el especialista: Corea del Sur. “En 1981, ese país nos envidiaba nuestros avances en materia petrolera, petroquímica y en infraestructura. Hoy Corea tiene un ingreso per cápita dos veces superior al de México; es una gran potencia industrial y tecnológica, y el quinto productor de automóviles del mundo, con diseño y tecnología propios.“México, en cambio, con todo y el gran crecimiento de sus exportaciones automotrices es apenas el décimo productor mundial de autos, además de que depende fundamentalmente de capital y tecnología extranjeros.Un dato más acerca de Corea: “Sin producción petrolera propia, tiene una de las industrias petroquímicas más fuertes y modernas del mundo”.Para no ir tan lejos, está el ejemplo de Brasil, dice el especialista. “Los brasileños, por años, vinieron a México a aprender de nuestra industria petrolera. Hoy Petrobras, la petrolera brasileña, que también es estatal, es un portento trasnacional, que está en una veintena de países y perfora en profundidades marinas hasta 10 veces más que Pemex.Pero no sólo eso: “Hace 30 años Brasil no tenía la industria aeronáutica que tiene ahora. Hoy cuentan con Embraer, que empezó como empresa estatal, y que es una de las principales fabricantes de aviones de medio alcance en el mundo, con tecnología propia”.Concluye De Maria y Campos: “Por falta de visión estratégica y de voluntad política; por no saber aprovechar nuestros recursos; por no ser pragmáticos y hacer a tiempo los cambios necesarios, por todo eso México se ha quedado chiquito, a la zaga de los países que fueron sus pares.“Urge un cambio de timón, pero ya. No hay tiempo para actuar con lentitud y con miedos.”

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