martes, octubre 06, 2009

Columna Asimetrías (5,814). “Internacionalistas” en Boca del Río

Por Fausto Fernández Ponte






06 octubre 2009

“Como viajero frecuente por ocupación laboral por las Américas (Norte, Centro y Sud y el Caribe) descubro que en esos Estados se piensa acrecentadamente que México se está alejando en rumbo opuesto al que señala la historia, el de lograr la verdadera independencia”.
Agosto Roo.

I

El caro leyente Roo, corresponsal constante de éste tlacuilo escribidor y autor del epígrafe de la entrega de hoy, nos informa que en Boca del Río, ciudad conurbada de la tetraheroica urbe portuaria de Veracruz, será sede el fin de semana venidero de un congreso de internacionalistas.
¿Internacionalistas? El señor Roo se apresura a redondear la información: “Son aquellos que estudiaron las carreras universitaria de relaciones internacionales, algunos de los cuales faenan en la diplomacia, la burocracia, la academia y la docencia, o como ejecutivos de comercio, etcétera”.

Añade don Agosto: “También hay internacionalistas que se dedican a menesteres ajenos a su formación como los empresariales o de la difusión –articulistas, la mayoría a favor, sobre todo, de los intereses creados del poder político del Estado-- y servir a intereses ajenos a México.

En igual vena nuestro corresponsal precisa: “Hay internacionalistas que se dedican a los negocios incluso antipodales a los de su formación académica: los hay hasta taxistas, así como hay periodistas que se dedican para subsistir a manejar un taxi”.

Mas “haiga sido como haiga sido” –expresión gramaticalmente incorrecta y considerada vulgar atribuida a a Felipe Calderón, el Presidente de Facto de México— el sentido idiomático del vocablo “internacionalista” que identifica un quehacer es distinto al del internacionalismo.

Es un vocablo –el de internacionalista-- que los gramáticos y estudiosos de la semiología hallan particularmente inasible y ambiguo, pero que en la comprensión general, popular incluso, se refiere a quienes se dedican a las muchas facetas de las relaciones entre los Estados nacionales.

Por otra parte, en ciertos estamentos de las ciencias políticas, en particular los de laya progresista o vanguardista, el internacionalismo trae consigo a la comprensión general la connotación de solidaridad entre pueblos y Estados nacionales.

Éstas definiciones, cabría aclarar a fuer de precisión, corresponden a la compresión popular del vocablo. Un internacionalista no es necesariamente un estudioso de las relaciones entre naciones –siguiendo la semántica--, sino también promotor de éstas en función de un interés dado.

II

Y ese interés dado es, digamos, el de un Estado. Esos intereses pueden ser –y son—políticos, determinados a su vez por otros, que suelen ser de carácter económico principalmente, así como sociales (entendidos éstos en términos de cultura) o hasta particulares.

Para no pocos legos –como el caro leyente y éste tlacuilo escribidor-- , los internacionalistas tendrían por axis vocacional comprender a cabalidad, según cosmovisiones cinceladas por la ciencia y no esculpidas por la superstición, la naturaleza de su propio Estado y manifestaciones.

Y, a la vez, comprender a los Estados ante los cuales representan al suyo --del que proceden— y cuyos negocios llevan. Comprender, pues, al hombre, la cultura, al mundo, y sensibilizar a los personeros del poder político de su Estado acerca de realidades contextuales y coyunturales.

La realidad tiene muchos planos, tantos como los prismas filosóficos –ideológicos y políticos—, económicos y culturales mismos al través de los cuales se registra, se discierne y se identifica aquella. El espectro de realidades es amplísimo: las verdades son muchas, pero elusivas.

Existen denominadores comunes, siendo uno de ellos el de la incongruencia. Un Estado como el mexicano, dominado por un poder político cuyos personeros priístas y panistas se han abrogado monstruosamente potestades cuyo ejercicio tiene efectos antisociales, es caso de libro de texto.

Ello es verismo insoslayable. En el sexenio de 1970-76, caracterizado por una brutal represión de disidencias y discrepancias reivindicadoras activas y organizadas, emblematizada en una guerra sucia equivalente moral al genocidio, las relaciones con los demás Estados exhibió incongruencia.

Se privilegió, en contraste, el asilo a perseguidos políticos (chilenos y argentinos principalmente) mientras simultáneamente se aplastaba con dramático prejuicio extremo al afán reivindicador activo y organizado. La Matanza de Corpus se inserta allí y persiste en la memoria colectiva.

Esas disidencias y discrepancias reivindicadoras activas y organizadas son secuela, en el “continuum” de la evolución social del mexicano, de las luchas históricas de los pueblos de México en todas las etapas y fases, desde Cortés hasta Hidalgo en 1810, Madero en 1910 y hoy.

III

Muchos internacionalistas --independientemente de las nociones que abarquen la definición corriente— a congresarse en la pintoresca Boca del Río ( lugar a la vera y bocana del río Jamapa, con variados atractivos turísticos) rechazarían la tesis central aquí enunciada.

Pero ésta tesis es sólo una opinión que pensamos informada y moldeada por la experiencia y la observación periodística. Gustavo Iruegas, llorado internacionalista de vena vanguardista, solía decir que la incongruencia mexicana en sus relaciones con el exterior era una constante.

Un Estado cualquiera como el mexicano, devenido, en lo oficial, de una revolución (que se desvirtuó desde 1946 en el alemanato hasta el espuriato ocurrente) pero dominado por un poder político en crisis de descomposición, trasmite su condición a sus tratos bilaterales y multilaterales.

La descomposición del poder político del Estado tiene manifestaciones objetivas: represión criminógena de disidencias y discrepancias activas y organizadas, con su secuela de desaparecidos, presos políticos, violaciones masivas de derechos humanos, inseguridad social y pública, etc.

La descomposición del poder político (que comprende además de la vertiente ejecutiva a legislativa y judicial) ha contagiado a los demás elementos constitutivos del Estado, incluyendo al principal, el pueblo (o los pueblos) de México, la soberanía e incluso al territorio.

Esa descomposición del poder político del Estado mexicano, reflejada en sus relaciones con los demás Estados nacionales, reduce el alcance político real y la autoridad moral atañedera y nos lleva a que el mundo tenga --como tiene-- una imagen negativa de nosotros.

Mas no sólo eso. Perceptible para pocos y, lo que es peor, inadmisible para muchos, el Estado mexicano vive en aislamiento de hecho en sus relaciones con los demás Estados americanos, exceptuando al estadunidense, que nos registra como un desordenado y peligroso patio trasero.

ffponte@gmail.com
www.faustofernandezponte.com

Glosario:

Alemanato: el presidencialado de Miguel Alemán Valdés (1946-52).

Espuriato ocurrente: el presidencialado de Felipe Calderón, considerado espurio por millones de sus compatriotas.

Iruegas, Gustavo (1945-2008): diplomático mexicano, con 38 años de carrera. Participó en varias misiones muy delicadas de México en América Latina y el Caribe. Fue subsecretario del despacho de Relaciones Exteriores para los organismos internacionales y multilaterales. Maestro en administración militar para la seguridad nacional, profesor de la UNAM y la Universidad Iberoamericana. Fue canciller en el “Gobierno Legítimo” presidido por Andrés Manuel López Obrador.

Imagen negartiva de nosotros”: según pew Research Center, en un sondeo divulgado en septiembre, el 64 por ciento de la población mexicana piensa que tenemos mala imagen en el mundo.

“Pueblos de México”: expresión precisa que acomprende a los 62 pueblos originarios y sus lenguas respectivas aun presentes y el pueblo mestizo, englobados bajo el concepto epiceno de “pueblo mexicano”.

Lecturas recomendadas:
Intervención, de Isidro Fabela. UNAM.
México fuera de México, de Juan José de Olloqui. SRE.

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