domingo, mayo 13, 2012

Salario cae 42% durante el calderonismo

Con Calderón, el poder adquisitivo del salario mínimo de los trabajadores ha decaído en 42 por ciento, según datos de investigadores de la UNAM. De diciembre de 2006 a febrero de 2012, el salario mínimo nominal diario pasó de 48.57 a 62.33 pesos; en tanto, el precio de la Canasta Alimenticia Recomendable se incrementó más del doble: de 80.83 a 197.96 pesos. La Comisión del Trabajo de la Cámara de Diputados “no ha hecho nada”; el diputado perredista Francisco Hernández reconoce: “Ni siquiera hemos sesionado una sola vez en este año”. El momento más crítico para los bolsillos de los mexicanos llegó con el neoliberalismo.
 
 
 
En México por lo menos el 75 por ciento de la población ocupada no tiene acceso a la Canasta Alimenticia Recomendable, que incluye 38 productos cuyos nutrientes son los mínimos necesarios para una adecuada alimentación.
 
“Y eso sin considerar otros gastos”, acota Luis Lozano Arredondo, economista integrante del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Acorde con lo que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Estado debería garantizar al pueblo el acceso a la canasta básica constitucional que además de los alimentos, incluye vestido, calzado, vivienda, transporte, salud, educación, esparcimiento, cultura y servicios.
 
De acuerdo con el CAM, al 13 de febrero de 2012 el precio ponderado –es decir, de consumo diario– de la Canasta Alimenticia Recomendable para una familia de cinco integrantes es de 197 pesos con 96 centavos. Considerando que el salario mínimo actual es igual a 62.33 pesos, tan sólo el 24.14 por ciento de la población ocupada, la que percibe más de tres salarios mínimos, podría adquirir los artículos de ésta.
 
Datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, del cuarto trimestre de 2011, revelan que 47 millones 836 mil 56 de personas están ocupadas. De éstas, 4 millones 175 mil 661 (el 8.72 por ciento) no reciben ingresos; 27 millones 40 mil 589 (el 56.52 por ciento), como máximo tres salarios mínimos; y 11 millones 549 mil 694 (el 24.14 por ciento), arriba de tres salarios mínimos.
 
Lo anterior es reflejo de la pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo en el país, es decir, del bajo crecimiento de los salarios nominales respecto del comportamiento de los precios.
 
Según un estudio elaborado por el CAM, que tiene su sede en la Facultad de Economía de Ciudad Universitaria, en lo que va de la gestión de Felipe Calderón Hinojosa dicha pérdida ha sido del 42 por ciento. Del 1 de diciembre de 2006 al 13 de febrero de 2012, el salario mínimo nominal diario pasó de 48.57 a 62.33 pesos; en tanto, el precio de la Canasta Alimenticia Recomendable ponderada se incrementó más del doble: de 80.83 a 197.96 pesos.
 
A principios del sexenio, con un salario mínimo se podían comprar 4.85 kilos de frijol bayo o 48.67 piezas de pan; actualmente sólo 2.79 kilos o 38.95 piezas. Alcanzaba para 7.22 kilos de tortilla o 4.2 kilos de huevo; ahora sólo para 5.66 o 3.02 kilos, respectivamente.
 
Asimismo, mientras en diciembre de 2006 una persona tenía que laborar 13.19 horas diarias para poder adquirir la Canasta, al 13 de febrero de este 2012 tuvo que hacerlo durante 25.41 horas.
 
En este contexto, para sobrevivir, las familias mexicanas tienen que emplearse horas extra o incorporar a otros de sus miembros al mercado laboral. También, en detrimento de su propia salud, han optado por consumir alimentos de menor calidad pero que satisfacen la sensación de apetito. O productos que anteriormente eran objeto de pepena, explica David Lozano Tovar, integrante del CAM.
 
“Del total de niños de educación primaria y preescolar, el 70 por ciento va a la escuela con jamón y salchichas de dudosa calidad. En México tenemos un problema de obesidad infantil que realmente, siendo críticos y duros, es obesidad por pobreza”, sentencia el investigador.
 
 
La Comisión de Trabajo del legislativo, “sin hacer nada”
 
 Mientras el salario de los trabajadores pierde poder, la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Congreso de la Unión permanece inerte. Francisco Hernández Juárez, secretario de la misma, manifiesta: “La Comisión de Trabajo está desintegrada. Todos los diputados del PRI (Partido Revolucionario Institucional) pidieron licencia y renunciaron a la Comisión de Trabajo. Ni siquiera hemos sesionado una sola vez en este año”.
 
A escasos cuatro meses de que la LXI Legislatura concluya sus labores, el legislador reconoce: “Literalmente no hicimos nada”. Las evidencias en la página electrónica de la Cámara de Diputados lo respaldan: a diferencia de otras, la Comisión del Trabajo carece de un micrositio que informe las acciones emprendidas.
 
Respecto de la pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo durante este sexenio, el diputado del Partido de la Revolución Democrática dice que “estaba previsto que ocurriera”, pues la política económica en México, basada en “recetas” neoliberales del Fondo Monetario Internacional, se enfoca en “beneficiar a unos cuantos y empobrecer a la mayoría de la población”. Refiere que, no obstante los altos niveles de pobreza en el país, en éste habita el hombre más rico del mundo.
 
Para Leobardo Soto Martínez, presidente de la Comisión de Trabajo y Previsión Social, en la raíz del actual deterioro del poder adquisitivo de los salarios está la falta de “una política económica con un amplio sentido social”, que regule el outsourcing (subcontratación) y que elimine, por ejemplo, el gravamen a prestaciones y la “figura jurídica del pago por honorarios”.
 
Está también la “ineficiencia” de los titulares de las secretarías del Trabajo y Previsión Social y de Economía, quienes “dejaron mucho que desear; se dedicaron a otros temas, menos a incentivar el empleo y mejorar el salario”.
 
 
A decir del diputado del Partido Revolucionario Institucional, las prestaciones que contemplan los contratos colectivos de trabajo son lo único que ha ayudado a los trabajadores a enfrentar esta “situación económica tan difícil”. Y agrega: “Aquellos trabajadores que están en la informalidad son los que más han sufrido la caída del poder adquisitivo”.
 
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